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Fractura de pulgar
Fractura del pulgar
El pulgar es el dedo más grueso y más corto y consta de dos falanges (segmentos óseos). Los demás dedos tienen tres falanges cada uno. Una fractura del pulgar significa que hay una rotura en una o en ambas falanges.
Fractura en la articulación
También puede ocurrir que la fractura se extienda a la articulación; a esto se le llama intraarticular. El resultado de este tipo de fractura es un mayor riesgo de artrosis temprana de la articulación del pulgar.
En una fractura intraarticular de este tipo existen dos variantes:
- Una fractura de Bennett, descrita por primera vez por Edward Bennett en 1882, implica que la base del primer metacarpiano del pulgar está fracturada y desplazada (luxada).
- Una fractura de Rolando, descrita por primera vez por Silvio Rolando en 1910, implica que el hueso más cercano a la mano (falange proximal) presenta múltiples líneas de fractura (conminuta).
¿Cómo se produce una fractura de pulgar?
La causa más frecuente de una fractura de pulgar es un golpe, impacto o caída directamente sobre el pulgar. Por ejemplo, un pulgar atrapado en la puerta del coche, una caída de la bicicleta, una pelea o un lanzamiento fuerte que golpea el pulgar durante la práctica deportiva.
Características de una fractura de pulgar
Una fractura de pulgar se reconoce sobre todo por el dolor a la palpación. Además, no es posible mover el pulgar sin dolor. La fractura puede provocar que el pulgar se hinche y adquiera un color amoratado. Realizar una pinza, es decir, acercar la yema del pulgar y la de la punta del dedo índice, suele ser imposible con un pulgar fracturado. Si por la fractura también quedan comprimidos los nervios, el pulgar puede estar entumecido u hormiguear.
¿Cómo se diagnostica una fractura de pulgar?
Durante la entrevista con el médico de cabecera o el fisioterapeuta, es importante aclarar la causa de las molestias del pulgar. Después se realiza una exploración física para valorar la fuerza y los movimientos posibles del pulgar. Durante la exploración se pueden realizar varias pruebas para comprobar si el hueso está realmente fracturado.
Si es necesario, se realizará una radiografía. En la radiografía se aprecian el tamaño, el lugar y la dirección de la línea de fractura. El especialista puede optar además por una TC. La TC aporta aún más información sobre el tipo de fractura y cómo tratarla de la mejor manera.
Tratamiento de una fractura de pulgar
En una fractura simple y desplazada, el médico optará por realinear el fragmento óseo. Esto se realiza con anestesia local. A continuación, el pulgar y, para dar soporte, toda la mano deberán inmovilizarse con yeso o una férula para permitir la consolidación. Este periodo suele durar de cuatro a seis semanas. Tras este periodo, el pulgar se sentirá rígido y la fuerza muscular habrá disminuido notablemente.
En fracturas más graves, como una fractura de Bennett o de Rolando, el médico puede optar por operar. Durante la operación, los fragmentos óseos se recolocan en su sitio y se mantienen juntos con material de fijación, que suele consistir en una placa metálica y pequeños tornillos. Después de la operación, el pulgar deberá llevar yeso de cuatro a seis semanas.
Tras el periodo de yeso, es importante volver a utilizar bien el pulgar. Es aconsejable contar con la ayuda de un fisioterapeuta de mano. Primero trabajará para reducir la rigidez y después, con ejercicios, para fortalecer de nuevo el pulgar.
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